domingo, 18 de abril de 2010

Remando al viento

Remando al viento es una de mejores películas españolas, pretenciosa en algunos aspectos, con mejores intenciones que resultados, pero indudablemente una gran obra, y mas en nuestra patria, dirigida en 1988 por Gonzalo Suárez resulta toda una sorpresa y por decirlo asi un tesoro relativamente escondido.

Sus dialogos son los que realmente me han atrapado, os dejo una muestra:



Lord Byron: Oiga, Fletcher. Encargue una lápida de mármol y que escriban estas palabras.

[…]

Lord Byron: Aquí reposa un ser que poseyó la belleza sin vanidad, la fuerza sin insolencia, el valor sin ferocidad, todas las virtudes del hombre sin ninguno de sus vicios. Procure que sea la mejor lápida, Fletcher. Y luego construiremos un mausoleo. Me gustaría reposar aquí. Pero, si muere antes que yo, Fletcher, el honor será suyo.

Fletcher: Gracias, Milord. Si a Ud. Le enterraran aquí, no me disgustaría. Pero no quisiera estar solo... con el perro.

[…]

Lord Byron: Quería mucho a ese perro. Era un buen guardián y un buen amigo. Ignoraba a los perros y a los hombres. Me pertenecía sólo a mí.

[…]

Lord Byron ¿Por qué a Fletcher no le gusta que le entierren allí?

Claire Clairmont: ¿Dónde?

Lord Byron Con el perro, en una gran tumba.

Claire Clairmont: ¿A ti te gustaría?

Lord Byron - ¿Qué?

Claire Clairmont: Que te enterraran con él.

Lord Byron- ¿Con Fletcher?

Claire Clairmont: Con el perro.

Lord Byron: No me importaría.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Delibes, el hombre, ha muerto.

Hace una semana falleció un grande, un gran creador, como dijo mi maestro: "un hombre capaz de escribir sin disfrazarse de escritor"

Como despedida, que mejor que las palabras que dejó Delibes como introducción a sus obras completas.

Después de El hereje.

Aunque viví hasta el 2000..., el escritor Miguel Delibes murió en Madrid el 21 de mayo de 1998, en la mesa de operaciones de la clínica La Luz. Esto es, los últimos años literariamente no le sirvieron de nada.

El balance de la intervención quirúrgica fue desfavorable. Perdí todo: perdí hematíes, memoria, dioptrías, capacidad de concentración... En el quirófano entró un hombre inteligente y salió un lerdo. Imposible volver a escribir. Lo noté enseguida. No era capaz de ordenar mi cerebro. La memoria fallaba y me faltaba capacidad para concentrarme. ¿Cómo abordar una novela y mantener vivos en mi imaginación, durante dos o tres años, personajes con su vida propia y sus propias características? ¿Cómo profundizar en las ideas exigidas por un encargo de mediana entidad? Estaba acabado. El cazador que escribe se termina al tiempo que el escritor que caza. Me faltaban facultades físicas e intelectuales. Y los que no me creyeron y vaticinaron que escribiría más novelas después de El hereje, se equivocaron de medio a medio. Terminé como siempre había imaginado: incapaz de abatir una perdiz roja ni de escribir una cuartilla con profesionalidad.

No me quejaba. Otros tuvieron menos tiempo. Al fin y al cabo, setenta y ocho años son bastantes para realizar una obra. Le di gracias a Dios, que me permitió terminar El hereje, y me dediqué a la vida contemplativa. Las cosas que intenté no eran serias. Con mi hijo Miguel hicimos un libro sobre el cambio climático, en el que no intervine más que para hacer preguntas propias de un ciudadano preocupado, pero no aporté una sola idea. En Muerte y resurrección de la novela di a la estampa algo que tenía hecho para dar la sensación de que trabajaba, de que aún disponía de una vida activa.
Los optimistas que sobreviven a un cáncer suelen decir que lo vencieron. Yo no me atrevo a tanto. Los cirujanos impidieron que el cáncer me matara, pero no pudieron evitar que me afectara gravemente. No me mató pero me inutilizó para trabajar el resto de mi vida. ¿Quién fue el vencedor?

Y bien: cuando mi obra, dicho lo dicho, está concluida, y por tal la doy, veo con satisfacción que los prestigiosos editores de Círculo de Lectores y Ediciones Destino se ocupan ahora de recopilarla y reunirla en los siete volúmenes que van a configurar esta serie. Cada volumen, además, irá prologado por un destacado estudioso de mi obra. ¿Qué hacer sino sentirme halagado y agradecido? Si mi primera novela apareció en 1948 —hace ahora sesenta años— y la última en 1998, ha sido media centuria, la segunda del siglo XX, la que me he ocupado escribiendo y publicando libros. Y siempre con el beneplácito de mis lectores. También a ellos, y a cuantos ahora se asomen a las páginas de estas Obras completas, quiero agradecer sinceramente su benevolencia y fidelidad.

martes, 16 de marzo de 2010

Frases Míticas


La frase de la semana me la descubrió mi querido amigo Sergio (Dr. Pollo), quien a su vez la descubrió en una representación de Macbeth, una semana después y ya superado el envenamiento que le supuso, fue capaz de verbalizarlo, en la obra decían: "En la vida todo es miedo y nada es amor"

Ilustración del artista polaco Tomek Karelus

lunes, 15 de marzo de 2010

Jean-Philippe


Jean-Philippe probablemente ha muerto, probablemente ya lo estaba cuando le conocí, sin embargo dejarme que os lo presente. Jean era el casero de mi amigo Oscar y entre otras cosas vivía infelizmente casado con Diana, dedicando su existencia a morir un poco cada día, mientras su señora alternaba, unas esporádicas clases de ingles, con su síndrome de Diógenes (esto último le ocupaba mucho tiempo y le daba mucho encanto a la casa de mi amigo).

Dichos caseros tenían la sana costumbre de abandonar la casa y de vez en cuando volver al hogar para compartir piso con su inquilino, la primera vez al marcharse simplemente dejaron una nota en uno de los salones que ponía “No entrar, solo oscar puede entrar para tocar el piano”. Días mas tarde volvieron y pasaron un temporada en la casa, volvieron a marcharse, y así periódicamente, unas veces, venían juntos, otras solo Jean-Philippe dispuesto a gastar sus días y los restos de su vida fumando y tosiendo, tumbado en su sofá, disfrutando de su colección de música, realmente maravillosa, que en sus ausencias jamás pudimos encontrar.

Venían 15 días, una semana, tres días, los que fuesen y desaparecían, discutían, impregnaban la casa de humo y desesperación, porque aquellos caseros hacia mucho que eran un matrimonio condenado a odiarse, y como he dicho marchaban, volvían a Inglaterra, y oscar y yo vivíamos sus escapadas jugando como niños, buscando tesoros, explorando, pues aquella casa era el sueño de los curiosos: libros, partituras, recuerdos, sueños, y una innumerable lista de objetos que uno nunca pudo imaginar y que ahora no se nombrar, porque quizá ni tenían nombre (¿como se llaman las fotos cortadas por la mitad para olvidar a alguien? deberían tener un nombre propio).

De aquellos tesoros me gustaban especialmente dos, un armario lleno de fotos y cartas (cartas que jamás nos atrevimos a leer) y mi disfraz de Jean-Philippe, aquellas fotos tanta veces ojeadas y ese traje, fueron la primera señal de lo que entendí mucho mas tarde, una lección fundamental, que nosotros quienes malgastamos muchos de nuestros días en Paris lamentándonos, no vimos en aquel entonces. Aquellas fotos hablaban y aquel traje de la juventud de Jean Philippe (que vestí una única noche, aquella que llamamos de Marlon Brando) dejaron en mi una semilla que poco a poco fue creciendo hasta el día de hoy y por el resto de mi vida.

Aquellas fotos mostraban un Jean-Philippe muy distinto de aquel que conocimos, un hombre joven y guapo, que había viajado por el mundo y había disfrutado de la vida, siempre rodeado de mujeres también jóvenes y hermosas, nosotros comentábamos las fotos intuyendo los lugares y las situaciones. Hoy día recordamos especialmente aquellas en las que aparecía con una vespa, y una chica rubia, que bien podría ser la protagonista de La dolce vita.

De aquellas fotos imaginamos que habían recorrido Italia en moto y otras muchas cosas, yo por mi parte siempre vi en aquella mujer un hermoso reflejo de lo que hoy era la querida y sin embargo odiada esposa de Jean. De aquello no quedaba nada, ni Juventud, ni belleza, ni lo que es mas importante "vida", no quedaba vida señores, el casero de oscar hacia mucho que yacía muerto en aquel sofá, como he dicho fumaba, tosía, discutía, pero en aquella soledad voluntaria no quedaba nada.

Con tristeza escribo estas palabras porque realmente convivimos con un fantasma del pasado que de vez en cuando regresaba al hogar para atormentarnos, y que nosotros ignorantes nunca le prestamos atención, miramos a través de el en sus fotos, yo prácticamente me puse en su zapatos una noche, lleve el traje de aquel muerto viviente, mientras su alma torturada hacia ruidos en el salón para recordarnos que la vida se nos escapaba sin darnos cuenta.

Aquellas visitas nunca calaron en nosotros y sin embargo Jean-Philippe hoy va conmigo a todas partes, a un lado en hombre joven que fue y al otro el viejo decrepito que se dejo morir en vida, siempre miro a los lados, y me pregunto en que momento vino a visitarme, pienso que a todos nos visita para recordarnos el futuro y el pasado, y como fue dejarse la vida en el camino. Un día Jean-Philippe vendrá para quedarse y quizá esta vez como en un relato de Lovecraft lo descubramos con horror en el reflejo del espejo.

Damián R. Fuentes 

martes, 30 de junio de 2009

Conspiración Cósmica

A veces en contra de lo que creen algunos el universo conspira contra nosotros, demostrando que dios, el karma o el Monstruo de Espagueti tiene o tienen un sentido de humor muy negro y cabrón.

El "ji ji ja ja" de dios, no es ni mas ni menos que esos momentos que regala la vida, en los cuales tu existencia se vuelve un chiste cruel. Probablemente esto se convierta en una sección habitual, nos estrenaremos con la triste historia de la muerte de Farrah Fawcett (DEP) y el sufrimiento de Ryan O´Neal.

Ryan O'Neal fue conocido en sus inicios como actor entre otras cosas por ser coprotagonista de la película Love Story donde representaba a Oliver Barret un muchacho perdidamente enamorado de Jennifer Cavilleri también estupenda y loca de amor. Desgraciadamente ella morirá víctima de una terrible enfermedad, convirtiendo a Oliver en un tipo mucho mas jodido pero mejor persona bla bla bla, drama simplon y obvio desde el principio que sin embargo fue un taquillazo.

Pues bien aquí viene la conspiración cósmica, mas de 30 años después y tras tres divorcios, uno de ellos con Farrah con la cual mantuvo una relación intermitente durante los últimos 20 años, el actor y el personaje se convierten en la misma persona cuando a Farrah Fawcett le diagnostican cáncer y el roto de dolor se mantiene a su lado durante su lucha, llegando a pedirle que se vuelvan a casar, lo cual no llegaría a ocurrir por el fallecimiento de la actriz. Ryan O´neal ha sido Oliver barret para Farra y por lo menos al final supieron amarse. Como se suele decir la realidad muchas veces supera la ficción.

Realmente es una historia demoledora, lo siento por ellos. Ryan dijo una frase que no deja sonar en mi cabeza "porque tiene que pasarle esto a mi chica?".

La vida es algo inesperado.

Damián R. Fuentes 

sábado, 13 de junio de 2009

La casa de Asterión. J.L. Borges


Sé que me acusan de soberbia, y tal vez de misantropía, y tal vez de locura. Tales acusaciones (que yo castigaré a su debido tiempo) son irrisorias. Es verdad que no salgo de mi casa, pero también es verdad que sus puertas (cuyo número es infinito) están abiertas día y noche a los hombres y también a los animales. Que entre el que quiera. No hallará pompas mujeriles aquí ni el bizarro aparato de los palacios, pero sí la quietud y la soledad. Asimismo hallará una casa como no hay otra en la faz de la tierra. (Mienten los que declaran que en Egipto hay una parecida.) Hasta mis detractores admiten que no hay un solo mueble en la casa. Otra especie ridícula es que yo, Asterión, soy un prisionero. ¿Repetiré que no hay una puerta cerrada, añadiré que ho hay una cerradura? Por lo demás, algún atardecer he pisado la calle; si antes de la noche volví, lo hice por el temor que me infundieron las caras de la plebe, caras descoloridas y aplanadas, como la mano abierta. Ya se había puesto el sol, pero el desvalido llanto de un niño y las toscas plegarias de la grey dijeron que me habían reconocido. La gente oraba, huía, se prosternaba; unos se encaramaban al estilóbato del templo de las Hachas, otros juntaban piedras. Alguno, cro, se ocultó bajo el mar. No en vano fue una reina mi madra; no puedo confundirme con el vulgo, aunque mi modestia lo quiera.

El hecho es que soy único. No me interesa lo que un hombre pueda trasmitir a otros hombres; como el filósofo, pienso que nada es comunicable por el arte de la escritura. Loas enojosas y triviales minucias no tienen cabida en mi espíritu, que está capacitado para lo grande; jamás he retenido la diferencia entre una letra y otra. Cierta impaciencia generosa no ha consentido que yo aprndiera a leer. A veces lo deploro, porque las noches y los días son largos.

Claro que no me faltan distacciones. Semejante al carnero que va a embestir, corro por las galerías de piedra hasta rodar al suel, mareado. Me agazapo a la sombra de un aljibe o a la vuelta de un corredor y juego a que me buscan. Hay azoteas desde las que me dejo caer, hasta ensangrentarme. A cualquier hora puedo jugar a estar dormido, con los ojos cerrados y la respiración poderosa. (A veces me duermo realmente, a veces ha cambiado el color del día cuando he abierto los ojos.) Pero de tantos juegos el que prefiero es el de otro Asterión. Finjo que viene a visitarme y que yo le muestro la casa. Con grandes reverencias le digo: Ahora volvemos a la encrucijada anterior o Ahora desembocamos en otro patio o Bien decía yo que te gustaría la canaleta o Ahora verás una cisterna que se llenó de arena o Ya verás cómo el sótano se bifurca. A veces me equivoco y nos reímos buenamente los dos.

No sólo he imaginado eso juegos, también he meditado sobre la casa. Todas las partes de la casa están muchas veces, cualquier lugar es otro lugar. No hay un aljibe, un patio, un abrevadero, un pesebre; son catorce [son infinitos] los pesebres, abrevaderos, patios, aljibes, la casa es del tamaño del mundo; mejor dicho, es el mundo. Sin embargo, a fuerza de fatigar patios con un aljibe y polvorientas galerías de piedra gris, he alcanzado la calle y he visto el templo de las Hachas y el mar. Eso no lo entendí hasta que una visión de la noche me reveló que también son catorce [son infinitos] los mares y los templos. Todo está muchas veces, catorce veces, pero dos cosas hay en el mundo que parecen estar una sola vez: arriba, el intrincado sol; abajo, Asterión. Quizá yo he creado las estrellas y el sol y la enorme casa, pero ya no me acuerdo.

Cada nueve años entran en la casa nueve hombres para que yo los libere de todo mal. Oigo sus pasos o su voz en el fondo de las galerías de piedra y corro alegremente a buscarlos. La ceremonia dura pocos minutos. Uno tras otro caen sin que yo me ensantgriente las manos. Donde cayeron, quedan, y los cadáveres ayudan a distinguir una galería de las otras. Ignoro quiénes son, pero sé que uno de ellos profetizó, en la hora de su muerte, que alguna vez llegaría mi redentor, Desde entonces no me duele la soledad, porque sé que vive mi redeentor y al fin se levantará sobre el polvo. Si mi oído alcanzara los rumores del mundo, yo percibiría sus pasos. Ojalá me lleve a un lugar con menos galerías y menos puertas. ¿Cómo será mi redentor?, me pregunto. ¿Será un toro o un hombre? ¿Será tal vez un toro con cara de hombre? ¿O será como yo?

El sol de la mañana reverberó en la espada de bronce. Ya no quedaba ni un vestigio de sangre.
-¿Lo creerás, Ariadna? -dijo Teseo-. El minotauro apenas se defendió.