lunes, 29 de febrero de 2016

Desobediencia civil. Thoreau (9no libro)

 

Jaime Sabines


Sitio de amor, lugar en que he vivido
de lejos, tú, ignorada,
amada que he callado, mirada que no he visto,
mentira que me dije y no he creído:
en esta hora en que los dos, sin ambos,
a llanto y odio y muerte nos quisimos,
estoy, no sé si estoy, ¡si yo estuviera!,
queriéndote, llorándome, perdido. 

(Esta es la última vez que yo te quiero.
En serio te lo digo.) 

Cosas que no conozco, que no he aprendido,
contigo, ahora, aquí, las he aprendido. 

En ti creció mi corazón.
En ti mi angustia se hizo.
Amada, lugar en que descanso,
silencio en que me aflijo. 

( Cuando miro tus ojos 
pienso en un hijo. ) 

Hay horas, horas, horas, en que estás tan ausente
que todo te lo digo. 

Tu corazón a flor de piel, tus manos,
tu sonrisa perdida alrededor de un grito,
ese tu corazón de nuevo, tan pobre, tan sencillo,
y ese tu andar buscándome por donde yo no he ido: 

todo eso que tú haces y no haces a veces
es como para estarse peleando contigo. 

Niña de los espantos, mi corazón caído,
ya ves, amada, niña, que cosas digo.

domingo, 28 de febrero de 2016

Julio Cortazar

“Nunca se lo he dicho, la quiero demasiado para trizar esta superficie de felicidad por la que ya se han deslizado tantos días, tantos años. A mi manera me obstino en comprender, en descubrir; la observo pero sin espiarla; la sigo pero sin desconfiar; amo una maravillosa estatua mutilada, un texto no terminado, un fragmento de cielo inscrito en la ventana de la vida.”

sábado, 27 de febrero de 2016

Henry James

“De nada soy capaz respecto a usted, salvo de estar endemoniadamente enamorado. Y cuanto más fuerte es uno, con más fuerza quiere.”

viernes, 26 de febrero de 2016

Miguel Hernández

No puedo olvidar
que no tengo alas,
que no tengo mar,
vereda ni nada
con que irte a besar.

jueves, 25 de febrero de 2016

Gloria Fuertes

Cuando te nombran,
me roban un poquito de tu nombre;
parece mentira,
que media docena de letras digan tanto.
Mi locura seria deshacer las murallas con tu nombre,
iría pintando todas las paredes,
no quedaría un pozo
sin que yo asomara
para decir tu nombre,
ni montaña de piedra
donde yo no gritara
enseñándole al eco
tus seis letras distintas.
Mi locura sería,
enseñar a las aves a cantarlo,
enseñar a los peces a beberlo,
enseñar a los hombres que no hay nada,
como volverme loco y repetir tu nombre.
Mi locura sería olvidarme de todo,
de las 22 letras restantes, de los números,
de los libros leídos, de los versos creados.
Saludar con tu nombre.
Pedir pan con tu nombre.
- siempre dice lo mismo- dirían a mi paso, y yo, tan orgullosa, tan feliz, tan campante.
Y me iré al otro mundo con tu nombre en la boca,
a todas las preguntas responderé tu nombre
- los jueces y los santos no van a entender nada-
Dios me condenaría a decirlo sin parar para siempre.

miércoles, 24 de febrero de 2016

Alejandra Pizarnik

Pensar que eres todo para mí mientras tú, en algún lejano lugar, como en otro planeta, te alimentas, te vistes, sueñas, haces el amor y mientras en esta habitación todo te evoca, todo te invoca y no respiro ni una sola vez sin que tu rostro suba y baje por mi interior, como si fueras un órgano de mi cuerpo, una función vivificante sin la cual no es posible vivir. Cómo no arrastrarme por las pequeñas calles tristes, sucias, agrias, llevándome una brutal melancolía, un anhelo jadeante, un ardor sin límites.

Eres culpable de haber hecho de ti un vaso de agua inalcanzable para una sedienta que apenas te conocía. Llegas, me hablas, me sonríes, me fascinas: cómo no comprender que tu rostro bastaba para enloquecer a la pequeña huérfana que fui —que soy, que seré— por tu culpa. Me hablas y te vas. Me hablas y te quedas en mí.